Enfermedad renal terminal
Diálisis

Es la insuficiencia casi total o total de la función renal y ocurre cuando los riñones no pueden funcionar al nivel necesario para la vida cotidiana.
En Estados Unidos, las causas más comunes de la enfermedad renal terminal son la hipertensión arterial y la diabetes.

La enfermedad renal terminal, generalmente, ocurre luego de la enfermedad renal crónica. Los riñones pueden dejar de funcional progresivamente en 10 o 20 años, antes de que se presente la enfermedad renal terminal.

Síntomas

  • Prurito y piel seca
  • Pérdida involuntaria de peso
  • Náuseas
  • Sensación de malestar generalizado
  • Dolores de cabeza
  • Inapetencia
  • Piel oscura
  • Dolor en los huesos
  • Problemas de concentración
  • Entumecimiento de pies, manos y otras partes del cuerpo
  • Mal aliento
  • Exceso de sed
  • Bajo deseo sexual e impotencia
  • Hipo frecuente
  • Amenorrea (falta de los períodos menstruales)
  • Edemas en pies y manos
  • Cambios en las uñas
  • Somnolencia
  • Calambres
  • Sensibilidad a los hematomas, la sangre en las heces o el sangrado nasal
  • Trastornos del sueño (síndrome de las piernas inquietas, insomnio, apnea obstructiva del sueño)
  • Vómitos matutinos

Tratamiento

Las opciones de tratamiento para la enfermedad renal terminal son la diálisis o el transplante de riñón.

Además es posible que se indiquen:

  • Medicación para la presión arterial.
  • Cambios en la dieta
    • Consumir suficiente cantidad de calorías si se está bajando mucho de peso
    • Limitar el consumo de sal, fósforo, potasio y otros electrólitos
    • Llevar una dieta baja en proteínas
    • Limitar el consumo de líquidos
  • Enlaces de fosfato para evitar que los niveles de fósforo suban demasiado
  • Calcio y vitamina D
  • Tratamiento para la anemia

Pronóstico

Sin diálisis o transplante de riñón, la enfermedad renal terminal conduce a la muerte. Igualmente ambas alternativas de tratamiento incluyen riesgos y el desenlace clínico depende de cada persona.

Complicaciones

  • Sangrado intestinal o estomacal
  • Disfunción cerebral, demencia, confusión
  • Cambios en la glucosa en sangre
  • Acumulación de líquido alrededor de los pulmones
  • Hepatitis B, hepatitis C o insuficiencia hepática
  • Incremento en el riesgo de infecciones
  • Elevados niveles de fósforo
  • Convulsiones
  • Debilitamiento de los huesos, vulnerabilidad a las fracturas y los trastornos articulares
  • Dolor de los músculos, huesos y articulaciones
  • Cambios en el nivel de electrolitos
  • Daño de los nervios de los brazos y las piernas
  • Hiperparatiroidismo
  • Desnutrición
  • Elevados niveles de potasio
  • Resequedad y picazón en la piel que llevan a infecciones cutáneas
  • Complicaciones cardiovasculares
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