Infarto renal

El infarto renal es una patología poco común o cuya frecuencia real se desconoce, ya que se suele confundir con cólico renal o pielonefritis aguda y llegar al diagnóstico puede tardar tras descartar otras dolencias. Se produce cuando se ocluye la principal arteria renal ipsilateral o en una rama segmentaria y es una causa de insuficiencia renal. El origen es cardíaco en el 90% de los casos y la evolución suele ser favorable a largo plazo.

El secretario general de la Sociedad Española de Cardiología, el Dr. Julián Pérez-Villacastín, explica:

Cuando un paciente cardiópata presenta una insuficiencia cardiaca, esa situación puede dañar a los riñones y viceversa.

Síntomas

La sintomatología suele ser poco específica y ello dificulta el diagnóstico.

  • Fuertes cólicos y/o dolores lumbares.
  • Náuseas y vómitos.
  • Hematuria (sangre en la orina).
  • Fiebre.

Causas

  • Embolias (principal causa).
  • Trombosis.

Factores de riesgo

Tratamiento

El tratamiento temprano con fibrinolíticos o anticoagulantes (tratamiento conservador) puede revertir la isquemia y mejorar la función renal. Sin embargo, como el diagnóstico suele ser tardío no siempre se realiza. Por lo cual, es recomendable incluir la posibilidad del infarto renal en pacientes con la sintomatología mencionada.

Para la elección del tratamiento se deben considerar la situación del enfermo, el tamaño de la obstrucción y la masa renal infartada. En caso de infarto renal bilateral, el tratamiento escogido debe ser la cirugía (embolectomía), no así en las oclusiones arteriales intraparenquimatosas.

Pronóstico

El pronóstico dependerá de la extensión de la enfermedad. Puede existir la recuperación o una insuficiencia renal. En los casos de embolia de colesterol el pronóstico no es favorable, en general, los pacientes terminan en diálisis.

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