Síndrome metabólico

Con esta denominación se hace referencia a un conjunto de factores de riesgo que se presentan de manera conjunta e incrementan el riesgo de accidente cerebrovascular, arteriopatía coronaria y diabetes tipo 2.

En Estados Unidos, aproximadamente, un 25% de la población de más de 20 años padece síndrome metabólico. En el pasado la población de riesgo para padecerlo era de 50 años, pero está bajando de manera considerable y actualmente se ubica en los 35 años. Las explicaciones del descenso en la edad de la población de riesgo, es la falta de ejercicio físico y los malos hábitos alimenticios.

Factores de riesgo:

  • Obesidad central (cuerpo en forma de manzana)
  • Resistencia a la insulina
  • Sedentarismo
  • Factores genéticos (antecedentes familiares de diabetes)
  • Envejecimiento
  • Cambios hormonales

En general las personas que padecen este síndrome, tienen otros problemas que pueden causarlo o empeorarlo:

  • Incremento de los niveles de sustancias en la sangre que son síntoma de inflamación de todo el organismo
  • Excesiva coagulación sanguínea

Tratamiento

El objetivo principal del tratamiento es bajar el riesgo de diabetes y cardiopatía.

El médico va a indicar cambios en el estilo de vida y medicación para reducir el colesterol malo (LDL), la presión arterial y el azúcar en sangre.

  • Bajar de peso: Lo recomendable es bajar entre un 7% y un 10% del peso
  • Reducir el colesterol: Para ello es importante la actividad física, la pérdida de peso y los hipocolesterolemiantes
  • Bajar la presión arterial: Con ejercicio físico, pérdida de peso y medicación en caso de ser preciso
  • Dejar de fumar

Pronóstico

Las personas con síndrome metabólico presentan un riesgo mayor de desarrollar a largo plazo:

  • Accidente cerebrovascular
  • Mala circulación en las piernas
  • Diabetes tipo 2
  • Enfermedad renal
  • Cardiopatía

Prevención

Entre las estrategias de prevención se incluyen:

  • Incremento de la actividad física: Al menos 30 minutos diarios
  • Dieta baja en calorías:
    • Realizar 5 comidas diarias
    • Utilizar cocciones y técnicas culinarias que no aporten calorías a los alimentos
    • Consumir por lo menos tres piezas de frutas diarias
    • Consumir verduras, hortalizas y legumbres
    • Disminuir la ingesta de carnes rojas (como máximo 2 veces a la semana)
    • Consumir pescado 3 veces por semana
    • Ingerir lácteos de bajo contenido en grasas
    • Usar aceite de oliva tanto para cocinar como para aderezar ensaladas
    • Evitar el consumo excesivo de sal
    • Evitar el consumo de alimentos procesados con grasas no saludables (grasas trans, grasas hidrogenadas, etc)
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