El yoga

El yoga nos amarra a la vida, nos ancla a la existencia, nos reconcilia con el mundo. Cuando se practica yoga se aprende algo más a vivir el momento, a apreciar las cosas pequeñas, a valorar lo que tenemos, a reflexionar, a relajar y separar cuerpo y mente. También a relativizar lo que nos rodea, a centrarnos en lo cotidiano, en el día a día, pero sobre todo a prestar atención a nuestra parte no material, a nuestra alma.

Cuando se asiste a las primeras clases de yoga, no es fácil captar el calado de este antiguo arte. Si se fuerzan demasiado las articulaciones a la hora de realizar incluso alguna de las asanas o posturas de yoga más sencillas sólo se conseguirá dolor en los músculos y una mente muy estresada. Esta disciplina ancestral del hinduismo no es una mera clase de gimnasia o de estiramientos, su filosofía va mucho más allá, para sus adeptos representa una filosofía de vida, casi una religión.

Pilares básicos

Tener un buen profesor es muy importante. Mejor si es exigente, perfeccionista y creyente, así desde el principio nos trasmitirá el ejemplo de la disciplina, la constancia y la necesidad de dedicarle tiempo al perfeccionamiento de la práctica del yoga.

Lo ideal es pasar los dos primeros cursos explicando uno por uno los movimientos, desmenuzados hasta la extenuación, del Surya Namaskar, el Saludo al Sol. Desde cómo colocar correctamente cada uno de los dedos de los pies desnudos, las rodillas, la pelvis y las caderas alineadas, la cintura, las costillas, hasta los hombros, el cuello y la cabeza.

Con esta serie de movimientos continuados se consigue sincronizar cuerpo, respiración y mente, se calientan los músculos y se flexibiliza la columna vertebral. Son la antesala a los asanas. Y los dedos de los pies son el anclaje del cuerpo a la realidad del instante. El espacio ha de quedar delimitado por la esterilla de cada practicante, que es el exclusivo y delineado territorio de cada yogui, su zona acotada de expresión corporal.

Despacio, muy despacio se irá avanzando con mínimas pero importantes correcciones a la postura corporal correcta y, al tercer año, se comienzan a realizar por separado los movimientos del Saludo al Sol.

Sólo al final de este curso se conseguiría una imagen más amplia de algunos asanas y se comenzarían a comprender las razones y motivaciones de la minuciosidad de un devoto profesor yogui. Avanzando paso a paso, lento pero provechoso gracias a ese primordial poso de perfección.

Tras este avance en la parte física, se comienza sólo de lejos a tocar con los dedos la aproximación a la meditación.

Diez consejos iniciales

  • El yoga no es un ejercicio circense ni de contorsionismo
  • Hay que ser disciplinado, dedicarle tiempo y practicar en casa
  • Ir muy despacio en la progresión: es mejor un único asana o postura aprendida por etapas que cien asanas mal hechos. No intentar hacer todo desde el principio
  • Cada persona tiene sus límites físicos y ha de respetarlos. Seguir el ritmo del cuerpo, escucharlo, sin forzarlo, aprender a relajarlo mientras se hacen los movimientos
  • La respiración es esencial
  • Un buen profesor, primordial
  • Afirmar muy bien al suelo los dedos de los pies desnudos
  • Cuando progresa el cuerpo, la mente quedará más aliviada
  • Comenzar con la postura del Loto (sentado en el suelo con las piernas cruzadas)
  • El cuerpo y la mente irán consiguiendo y aprendiendo a relajarse y se tomará conciencia de cada músculo
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