niños felices comiendo

La alimentación de los niños es, en algunos casos, un verdadero dolor de cabeza para los padres. Unos no quieren probar bocado y otros comen todo lo que le ponen en el plato. Cuando una madre comenta lo que le sucede con otras, se da cuenta de que atraviesan por la misma situación. Unos pequeños son de complexión gruesa, rebosantes de energía y salud; mientras que otros son delgados y se enferman fácilmente. También están los que en plena edad de crecimiento, aunque antes fueran llenitos, en este período quedan esbeltos, por más que coman muchísimo. Es así, que todos los padres nos hacemos la misma pregunta: ¿Cuánto y cuántas veces debe comer un niño?

La profesora de la Universidad Internacional de la Rioja (Universidad española a distancia) y directora del Máster de Nutrición de la misma casa de estudios, Begoña Pérez(1), considera que los pequeños deben alimentarse cinco veces al día, repartiendo adecuadamente nutrientes esenciales para su crecimiento, gasto energético y requerimiento según edades.

La alimentación es la base de una buena salud, pero no siempre nos alimentamos de forma correcta y eso es lo que les enseñamos a nuestros hijos, una incorrecta manera de nutrirnos. Para la nutricionista Begoña, es muy importante que padres y educadores reaprendan todo lo concerniente a una buena nutrición y equilibrada para, a su vez, enseñarles a los pequeños cuales son los alimentos más saludables y nutritivos que deben escoger.

Con esa finalidad, Pérez ha publicado la guía gastronómica “Actividades Nutritivas”, para educar de manera didáctica tanto a padres y educadores, como a niños y jóvenes. El objetivo es enseñar el valor de la pirámide nutricional, los buenos hábitos alimenticios y a elaborar bocadillos sanos.

Etapas diferenciadas

  • De 3 a 6 años: el gasto energético es muy alto, a esta edad. Crecen aceleradamente y realizan gran actividad física. Las proteínas sirven para que todo tipo de células musculares, óseas, cerebrales, entre otras, se multipliquen rápidamente y alcancen su óptimo desarrollo. Las de tipo animal se encuentran en carnes, pescados, huevos y lácteos; la de origen vegetal en granos, cereales, menestras y tofú, las cuales deben ser proporcionadas en las tres comidas principales: desayuno, almuerzo y cena. Los hábitos a desarrollar a esta edad son: el horario de alimentación, que deberá ser estricto a la misma hora diariamente, empezando por un desayuno completo, no sólo leche y pan, sino que incluya los alimentos antes mencionados. Otro hábito imprescindible, es evitar las golosinas para que el niño tenga un gran apetito a la hora de las comidas.
  • De 7 a 12 años: las necesidades de crecimiento siguen siendo muy altas. Por lo tanto, el consumo de proteínas de origen animal y vegetal es vital. La gran mayoría de estos pequeños, que se están convirtiendo en púberes, realizan alto gasto energético en juegos, deportes y actividades escolares. Por tal motivo, requieren de incluir a su dieta legumbres, arroz, tubérculos y pastas a lo largo de toda la semana. El hábito a inculcar, es que no coman sólo lo que les gusta, sino que su alimentación sea variada; educarlos para que no abusen de dulces, refrescos y comida chatarra. También evitar el sedentarismo, que trae consigo otros problemas como la obesidad y problemas cardíacos.
  • De 13 a 16 años: en esta etapa se produce el denominado “estirón”, los músculos y el esqueleto terminan de formarse, las proteínas antes mencionadas son vitales para seguir creciendo, así como alimentos que refuercen el sistema inmune: verduras, frutas, legumbres, cereales, granos y frutos secos. La vitamina D y el calcio, son muy importantes para la formación de huesos fuertes, tomar sol y practicar deportes para evitar el sobrepeso. Los adolescentes más que preferir la comida chatarra, deben aprender a preferir bocados rápidos y nutritivos. Los hábitos a inculcar, consisten en evitar aquellos alimentos demasiado grasos o azucarados que provoquen acné y sobrepeso. Esta edad es ideal para que los adolescentes, orientados y motivados por sus padres, se inicien en el aprendizaje de la elaboración de platillos, sepan diferenciar los alimentos sanos de los que no aportan en lo absoluto y son calorías vacías. Y, sobre todo, aprendan a valorar la importancia de una nutrición equilibrada y saludable.

Cinco veces al día

Para Begoña, el rápido crecimiento y el gran gasto energético por el que atraviesan nuestros hijos, lleva a que no sean suficientes sólo las tres comidas principales al día: desayuno, almuerzo y cena. Sino que, en todas las edades, se les debe proporcionar durante además líquidos, frutas frescas, cereales en cantidad moderada, jugos naturales preparados en casa (no industrializados) endulzados con miel, entre dichas comidas.

Sin embargo, la cantidad de alimentos que necesiten ingerir depende de muchos factores: si la salud del niño es óptima o si se siente a gusto o no con lo que se le presenta en el plato, tomando en cuenta las preferencias personales. En muchos hogares es habitual obligar al niño a comer más de lo que quiere, pero no es lo recomendable. Los alimentos nunca deben ser considerados como premios o castigos, puesto que se estará transmitiendo un mensaje erróneo y provocando en algunas circunstancias el rechazo permanente a productos nutritivos.

La experta en nutrición asegura que nuestros hijos atraviesan por temporadas en las que no tienen demasiado apetito y en otras sí, tal como sucede con nosotros los adultos. Lo ideal es que los chicos aprendan a regular su propio apetito y los padres puedan estar atentos a lo que ellos les manifiesten sin necesidad de reprocharles.

Los padres deben guiar y enseñar a sus hijos la importancia de una buena nutrición

En todo momento los padres deben vigilar lo que consumen sus hijos. Es bueno aprovechar los fines de semana para compartir momentos juntos, en los que enseñar a preparar algún platillo mientras se les instruye en lo que es saludable y lo que no lo es. Las horas de las comidas son propicias para educar sobre la pirámide nutricional, así como acerca de la importancia de consumir de forma equilibrada, proteínas, verduras, frutas, legumbres, hortalizas, cereales y alimentos que sean nutritivos. Como padres es nuestro deber guiarles a lo largo de su crecimiento y desarrollo, a sentar las bases de los conceptos básicos indispensables en cuanto a su propia alimentación.

Hay que recordar que se enseña más con el ejemplo que con la teoría. Por lo que se debe ser completamente coherente entre lo que se inculca y lo que se hace o deja de hacer. Por ejemplo, si los niños observan que a ellos les sirven verduras o menestras y los padres no las tienen en su plato, los pequeños protestarán en forma inmediata, no habrá forma de enseñarles. Lo ideal, es que los padres coman con gusto todo tipo de alimentos y los hijos lo vean.

Otro factor importante es prestar atención a la salud en general de nuestros hijos, si atraviesan por algún cuadro de tristeza o ansiedad que los sumerge en la apatía o si presentan alguna enfermedad que les quita el hambre. Es imprescindible acudir inmediatamente a los especialistas del caso, tales como pediatra, nutricionista o psicólogo, que puedan solucionar estas situaciones.

La recomendación final es evitar o consumir en la más mínima cantidad, todo tipo de golosinas, dulces y azúcares refinados que no nutren, es decir calorías vacías, que a su vez causan graves efectos en la salud. Entre ellos: carencia de vitamina D y calcio en los huesos, caries, parásitos y debilidad general.


(1)Begoña Pérez Llano es Máster en Dietética y Seguridad Alimentaria, experta en Nutrición y Tecnología Alimentaria para Colectividades (universidad Camilo José Cela). Actualmente es docente de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR).
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