Ansiedad, miedo y calidad de vida

Con independencia de qué forma visual demos cada uno de nosotros a la imagen de nuestros pensamientos y con independencia también de qué parte de nuestro cuerpo sea la que los origina, lo cierto es que las posibilidades de equilibrio constante son remotas.

Los seres humanos estamos expuestos cada día a un ciclo vital en el que la supervivencia se condiciona a una dependencia total de los sistemas. Como si una máquina poderosa controlara lo que necesitamos para vivir y nos lo ofreciera a cambio de que hiciéramos lo que se ha establecido sin cuestionamientos.

De estas situaciones que, bien es cierto parecen sacadas de 1984 (George Orwell), es de donde provienen conceptos como la ansiedad y el estrés.

Términos que definen a esos momentos en nosotros (cuerpo-mente-alma), estallamos por los aires y perdemos el control de nuestras emociones.

La Ansiedad es el miedo en su estado más puro, el miedo a un futuro devastador que visualizamos, el miedo a la pérdida, el miedo al descrédito, el miedo al dolor… el miedo

Sentirse así en algún momento, es completamente normal y lógico, sin embargo, si son sensaciones permanentes y no encontramos la forma de re-establecer el equilibrio, es posible que estemos ante un problema mayor y necesitemos un poco de ayuda.

Falta de control constante la clave de la decisión

Sentir miedo ante un conflicto es normal, el miedo es una reacción ante el peligro, pero si ese miedo se transforma en una obsesión y, a pesar de no haber motivos reales, provoca desequilibrio constante, entonces estamos ante un cuadro de ansiedad.

En un cuadro de ansiedad, el ritmo cardíaco se acelera, la presión arterial se eleva, se genera mucha adrenalina y mentalmente se suceden escenas catastróficas por nuestro proyector de imágenes mental.

Este estado interfiere en nuestra vida, en nuestras responsabilidades, nuestras obligaciones, nuestros derechos… nuestra calidad de vida.

Si esto sucede pueden aparecer las crisis, denominadas como crisis de pánico, en situaciones extremas, o da lugar también para un descenso del sistema inmunológico y la aparición de estados depresivos.

En una crisis de pánico, nauseas, mareos, desmayos y delirios complementan los síntomas. La persona se siente confundida, desorientada y profundamente aterrorizada, comienzan los miedos que pueden derivar en una desesperación profunda que alimenten pensamientos suicidas para acabar con ese sentimiento.

Mayor incidencia femenina

Se desconoce si hormonalmente condicionadas o por una característica inherente al género, las mujeres están mas expuestas a la emotividad, ésta les es permitida y aceptada socialmente, por lo que es más fácil perder el control.

Se presenta con frecuencia en momentos de cambios, es importante prestar atención a las primeras señales de alerta y, si los mecanismos que establezcamos no dan resultado, debemos saber que este trastorno es tratable se puede revertir.

Existen terapias conductuales que se centran en la modificación de pensamientos y control de las emociones, explican la relación entre los síntomas físicos y el pensamiento y forman con respecto a habilidades sociales.

Si siente que no puede más, que no encuentra la forma de recuperar su equilibrio y no tiene delante ninguna salida, consulte a un especialista, deje que reconduzcan sus pensamientos, que minimicen sus miedos y que le presten ayuda.

No se automedique, además de ser muy perjudicial para su salud, no está enfrentando el problema, por lo que si consigue superarlo, volverá, termine con él, salve el obstáculo y… siga con su vida.

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