Gen de la obesidad

En el último mes se descubrieron distintas variantes genéticas que guardaban una relación especial con la obesidad, según el informe publicado en Nature Genetics, el cual afirma que gracias a estudios realizados por el Instituto de Ciencias del Metabolismo en Cambridge (Reino Unido), se descubrió que existen genes que se relacionan con la propensión a asimilar grasa y distribuirla en la cadera o cintura, aseveró la investigadora Ruth Loos.

Aunque ya se han descubierto genes que marcan un sesgo de vulnerabilidad respecto de la obesidad, aún no se tienen datos concretos de cómo pueden afectar o si realmente pueden definir si una persona será o no obesa en el futuro. Cualquier tipo de intervención que pueda llevarse a cabo, indefectiblemente requerirá de un par de años, al menos de investigaciones donde se podrá ver a qué proteínas dirigir determinados medicamentos.

Aunque la identificación de las cerca de 18 variantes genéticas asociadas a la obesidad, no marca el futuro de una persona de forma irremediable, sí es una predicción, “una que no resulta mejor que lanzar una moneda al aire”, dijo Loos.

En este estudio participaron 123.854 personas, de las cuales se tomaron en cuenta 46 estudios genéticos distintos, que se asociaron al IMC (índice de masa corporal) de cada uno. El nuevo informe es importante porque entrega 18 variantes genéticas más la confirmación de 10 variantes anteriormente descubiertas. La importancia de estas variantes, es que mientras más posea una persona, mayor el riesgo de ser obeso.

Según los resultados, una persona normal posee cerca de 28 a 32 de este tipo de variables, donde sólo el 2% tiene más de 34 o menos de 21 variantes.

Conclusiones del informe sobre genes y obesidad

Una de las conclusiones más interesantes es que las variantes genéticas que posea una determinada persona, cuando condiciona a que ésta sufra de obesidad, podría actuar a través del cerebro, incitándola a consumir una mayor cantidad de alimentos, aumentando la sensación de apetito o hasta incrementando la sensación de recompensa al ingerirlos.

Sin perjuicio de los factores genéticos, los descubrimientos hechos y la posibilidad de recibir un condicionamiento importante en la sensación de “hambre” que puedan influenciar los genes, el medioambiente sigue resultando la variable más importante a la hora de definir el “por qué” una persona sufre de sobre peso u obesidad en la actualidad. Una prueba de ello está en que revisando las estadísticas de los últimos 30 años, se observa un aumento estratosférico del nivel de obesidad mundial, y en ese período los genes no han cambiado, pero el ambiente sí.

Otro de los resultados que llama mucho la atención fue descubrir ciertas variantes genéticas asociadas a la obesidad extrema, donde mediante un estudio con 77.167 personas y 32 análisis del genoma completo, se identificaron 13 nuevas variantes de acumulación de grasa entre la cadera y la cintura, las que mostraron una mayor propensión en mujeres que en hombres. Con estos resultados, los investigadores llegaron a la conclusión de que existen genes específicos relacionados con la distribución de las grasas según el sexo, donde además hay distintos tipos que regulan el IMC y el almacenamiento de grasa.

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