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La diferencia en la expectativa de vida entre hombres y mujeres, es de unos 6 años. Pero con respecto al tiempo que se vive con calidad – es decir sin discapacidad – es de unos 3 años, aproximadamente.

Se ha pasado de menos de 40 años para los hombres y 43 para las mujeres a principios del Siglo XX, a esperanzas de vida, actualmente, de 77 y 83 años respectivamente. En un siglo, se ha doblado la esperanza de vida tanto en hombres como en mujeres.
Los expertos coinciden en que no hay una sola causa a la que se pueda atribuir este aumento de la esperanza de vida y de la longevidad, sino que es un fenómeno multifactorial.
En los últimos 50 o 60 años, han mejorado mucho las condiciones de asistencia sanitaria y esto podría ser una explicación, pero no la única. Desde principios del Siglo XX, se han sucedido otras mejoras además de las de asistencia médica. Se han vencido epidemias debido a la eliminación de basuras, extensión del alcantarillado, agua potable y también gracias a vacunas.
Han desaparecido períodos de hambrunas históricas. Los antibióticos han permitido mejoras en la salud materno-infantil y de expectativas de vida.
Japón es el primer país del mundo en personas centenarias, mientras que España es el segundo.

La expectativa de vida femenina

En el caso de las mujeres, la esperanza de vida más alta, se debe a los hábitos más saludables que han tenido a lo largo de su vida. En un entorno muy conservador desde el punto de vista de la posición social de las féminas; no fumaban, bebían poco alcohol, no adoptaban conductas de riesgo (manejar, por ejemplo), ni oponían resistencia a los mensajes de promoción de la salud.
Cada día hay más mujeres entre la población centenaria, en concreto en la actualidad existen 5 veces más mujeres que hombres en esa franja de edad.
Los expertos coinciden en que las mujeres tienen una ventaja biológica frente a los hombres, que les permite tener un mejor sistema inmunológico.
La adopción de conductas de riesgo consideradas tradicionalmente vetadas a su género y puramente masculinas por parte de las mujeres; hacen esperar que las diferencias se vayan acortando con el paso de los años, hasta llegar a equipararse.
Es pronto para saber qué pasará en el futuro, ya que se plantea un serio problema social con la inversión que ha sufrido la pirámide de población. Un nuevo escenario con retos como el buen funcionamiento de la Seguridad Social, las pensiones o el retraso de la jubilación que pueden alterar las tendencias observadas en las expectativas de vida.

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