vorarefilia

Es muy que probable que en más de una ocasión alguna pareja te haya dicho, entre otras frases sugerentes, “quiero comerte”, mientras mordisqueaba suavemente tu cuello o tu oreja. Y tú habrás sonreído al oír estas palabras tan ocurrentes que se traducen como la manifestación del deseo de una persona que ama a otra.

Es obvio que estás muy lejos de pensar que tu pareja desea arrancar pedazos de tu carne para, literalmente, tragárselos. Nadie, en su sano juicio, siente placer al comerse pedazos de su pareja. O casi nadie.

Qué es la vorarefilia

La vorarefilia es una especie de canibalismo rebuscado. Se trata de un fetichismo en el que la excitación radica en la idea de ser comido por alguien, de comerse a otra persona o simplemente de presenciar el proceso.

En ese sentido, la vorarefilia comprende dos roles principales: a algunos les seduce tener el papel de presa y se hacen llamar “prey”, mientras que otros se sienten más a gusto con el rol de depredador, llamándose “pred”.

Como en todo, en esta filia existen también niveles de intensidad. Los pequeños mordiscos cariñosos podrían considerarse como la antesala del llamado “soft vore”, una modalidad poco violenta en la que la presa no resulta herida. Los aficionados al “soft vore” pueden disfrutar viendo serpientes tragándose una presa entera, por ejemplo.

El “hard vore”, en cambio, suele mostrar a la presa herida siendo desgarrada y masticada, es en este rubro en que se ubican los casos de personas que han cumplido su fantasía de devorar y ser devorados.

Caso real

Citaremos aquí el caso de Armin Meiwes, conocido como “el caníbal de Rotemburgo”. Este caso es el adecuado para graficar un ejemplo de “hard vore”.

En 2001, Meiwes solía rondar en sus ratos libres por diversos chats de Internet con el fin de encontrar voluntarios que quisieran ser comidos. En esa búsqueda se topó con Bernd Juergen Brandes quien decidió ser su cómplice en esa retorcida fantasía.

Meiwes amputó el miembro viril de Brandes y decidieron comérselo juntos. Días después, Meiwes mató a su compañero y, conservando se cuerpo en refrigeración, fue comiéndoselo poco a poco.

Como es lógico, este caso tuvo una enorme repercusión mediática que abrió el debate acerca de la posibilidad del canibalismo consensuado; esto porque los vores no ven su afición como un asesinato, sino como una obsesión por ser absorbidos completamente por otra persona.

De hecho, Meiwes expresó durante el juicio al que fue sometido:

Maté a un hombre, lo corté en trozos y me lo comí. Desde entonces, él siempre está conmigo.

Sin embargo, la mayoría de aficionados a esta filia no se permite ni desea cumplir sus deseos explícitamente. Quienes se sienten atraídos por este fetiche suelen conformarse con textos, videos e ilustraciones que representan estas fantasías, dejando en claro siempre que no pretenden hacer realidad estas fantasías infligiendo daño a otras personas ni incitar a ello.