El efecto placebo

Se conoce como “fármaco placebo” a aquella sustancia inactiva (o no del todo) que resulta inocua al administrarla, pero que al ser prescrita por el médico genera un efecto beneficioso en el paciente. Son muchas las posibilidades, desde terrones de azúcar hasta agua coloreada o complementos vitamínicos.

La creencia del paciente en las propiedades del fármaco, por las explicaciones del médico o simplemente por haberse prescrito dentro del entorno sanitario, es la clave en el proceso. El poder de sugestión estaría en la base de una serie de mecanismos desconocidos que conducen a la curación o mejoría.

Algunos ejemplos curiosos o más llamativos se describen en la literatura. Es el caso de un paciente apellidado Wright, que experimentó una mejoría espectacular en un tumor linfático muy avanzado con la administración de un producto sin ninguna eficacia. La mejoría duró hasta que conoció la realidad del medicamento por medio de la prensa.

En la jerga farmacológica se conoce como “efecto placebo” al resultado evidenciable de la administración del producto. Es empleado en la investigación médica, en múltiples ensayos clínicos controlados, donde interesa valorar un medicamento comparando un grupo que recibe el fármaco activo frente a otro que recibe un placebo inactivo.

Tanto el placebo como el fármaco presentan “efecto placebo”, es decir, el hecho de la prescripción médica ya genera un beneficio tanto en un caso como en el otro

La diferencia a favor del fármaco activo es conocido como efecto farmacodinámico (lo que el producto activo le hace al organismo), y es uno de los elementos que estudia el ensayo clínico.

El efecto placebo no se limita a fármacos, sino que se experimenta también por el simple hecho de haber sido examinado por el médico, o de haber percibido en la entrevista con el profesional sanitario interés por parte de éste, o su capacidad y cualificación científica.

En una investigacion realizada en la Universidad de Wisconsin se demostró que la intervención de las enfermeras origina efecto placebo en un 90% de los casos.

Es curioso constatar que las inyecciones funcionan mejor que las cápsulas, y éstas a su vez mejor que las pastillas. En el caso de las pastillas, dan mejor resultado cuanto mayor es su tamaño, y las de color rojo o negro resultan más útiles. Del mismo modo ocurre con los tratamientos más caros o cuanta más dosis se recete

Pero en todo ese proceso es fundamental la creencia y la confianza del paciente en el personal médico, así como la actitud de dicho personal.

Las situaciones que más responden a placebo son aquellas con un mayor componente psicosomático, como el dolor, problemas mentales, procesos inflamatorios y las patologías del sistema inmune.

Existen por otro lado algunos investigadores (Universidad de Hamburgo-Eppendorf) que aseguran que no se trata de un proceso de sugestión, sino de una alteración neuronal que afecta a los receptores opioides. En todo caso, se trate de un mecanismo puramente psicológico o no el del placebo, parece estar claro que para producir el efecto utiliza los mismos canales neurológicos de los fármacos a los que imita.

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