El consumo de grasas trans aumenta el riesgo de depresión

El consumo de grasas saturadas y trans, presentes en las comidas rápidas, algunas comidas industrializada como ser la bollería y en ciertos lácteos enteros, incrementan el riesgo de padecer depresión, mientras las grasas poliinsaturadas presentes en los pescados, aceites vegetales y el aceite de oliva, protegen al organismo de dicha enfermedad.

Tal hallazgo es el resultado de un estudio de seis años, publicado en la revista médica en línea “PLoS ONE”, realizado por un grupo de investigadores españoles de las universidades de Las Palmas de Gran Canaria y Navarra, que han estudiado en 12.059 voluntarios con una edad promedio de 37 años, pertenecientes al proyecto Seguimiento Universidad de Navarra (SUN), la relación entre el consumo de las grasas saturadas y trans con la depresión.

Para ello, fueron analizados el estilo de vida, la dieta y las enfermedades de los voluntarios, ninguno de los cuales presentaba depresión al comienzo del estudio.

Al finalizarlo, aparecieron 657 nuevos casos de depresión y al analizar el consumo de grasas de éstos, encontraron que aquellos que ingerían una mayor cantidad de grasas saturadas y trans, presentaban un mayor riesgo de depresión (48%) en comparación con los que no lo hacían.

Según Almudena Sánchez –Villegas, principal autora del estudio, se cree que las grasas saturadas y las grasas trans producen cambios biológicos en el organismo, asociados con las enfermedades cardíacas y la depresión.

Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de Medicina Preventiva de la Universidad de Navarra, junto con un grupo de investigadores, se ocupó de analizar la relación entre las grasas poliinsaturadas, el aceite de oliva y la depresión. Encontró que este tipo de grasas “saludables”, están asociadas con una disminución del riesgo de dicha enfermedad. Ya que los participantes que consumían más de 20 gramos diarios de aceite de oliva, manifestaron un riesgo de depresión un 30% menor que aquellos que ingirieron poco o nada de dicho aceite.

El estudio ratifica la mayor incidencia de la depresión en los países europeos del norte en relación a los del sur, donde la prevalencia de la dieta mediterránea (integrada fundamentalmente por frutas, verduras, aceite de oliva y pescados) es mayor. Pero en los últimos tiempos la enfermedad ha avanzado, afectando, aproximadamente, a unas 150 millones de personas en todo el mundo.

Lo que según Sánchez Villegas se explicaría por el cambio sustancial que se ha producido en el tipo de grasas que se consumen en las dietas occidentales, en las que han sido sustituidas las grasas más saludables (monoinsaturadas y poliinsaturadas pertenecientes a los aceites vegetales, pescados, aceite de oliva y frutos secos) por grasas saturadas y trans (presentes en la comida rápida, carnes, mantequilla, bolleria industrial, etc.).

Además un elemento muy importante a tener en cuenta es que el estudio fue realizado a una población cuya ingesta de grasas trans era baja, representaba tan sólo un 0,4% de las calorías consumidas por los participantes. Por lo que se presume que en países como Estados Unidos donde el consumo de este tipo de grasas es más elevado (representa, aproximadamente, el 2,5% de la energía proveniente de los alimentos), el riesgo de depresión es superior y se aconseja controlar el consumo de estas.

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