Terapia con animales
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El hecho de estar acompañados por un animal nos estimula la secreción de dopamina y serotonina que son sustancias que nos dan la sensación de bienestar, además de felicidad.

La compañía de un animal

Entre los animales más habituales como son los perros o gatos, solamente con acariciarlos nos ayuda a disminuir los niveles de tensión, ansiedad y la presión sanguínea. Por lo que se ha apostado por centros de terapia asistida con animales, como un complemento a las terapias tradicionales grupales.

Sobre todo las personas mayores, ganan autoestima y les hace sentirse más útiles, ya que un perro o un gato les quitan su soledad y al sacarlos a pasear favorecen el ejercicio físico e incluso la actividad social. Los psicólogos han estudiado durante los últimos años los beneficios que aportan estos animales también a la hora de relacionarse con personas desconocidas. Ya que en la calle cualquiera se presta mejor a interactuar con quien lleva un perro curioso, que con alguien caminando con las manos en los bolsillos en soledad.

Por todo esto, los animales sirven para relacionarse socialmente, aumentar la autoestima e incluso para aumentar la producción de serotonina y mejorar con ello la capacidad de disfrutar en la rutina diaria, sin tener que gastar mucho dinero.
Las personas con tendencia a la depresión encontrarán a través de las mascotas, una fórmula idónea de disminuir el consumo de fármacos, ansiolíticos y otro tipo de sustancias que a medio o largo plazo, podrían llegar a fomentar el desarrollo de enfermedades como la diabetes o incluso la dependencia y adicción.

Actualmente los educadores, logopedas, psicólogos y demás expertos participan también en programas de este tipo. Dirigidos a niños con problemas de hiperactividad, autismo, timidez patológica o trastornos relacionados con la conducta, sociales y derivados de malos tratos.
También se recomiendan para personas con minusvalías y todo tipo de enfermedades mentales.

Terapias con animales no tan comunes

Además de mascotas como perros, gatos, hámster, tortugas y demás, podemos encontrar terapias con delfines que actúan estimulando el sistema nervioso del paciente a través de unas ondas llamadas Alfas que producen una gran sensación de bienestar. Es con un sonido indetectable para el oído humano y se utiliza en niños autistas, con síndrome de Down y parálisis cerebral y en personas con depresiones graves.

Los caballos, con sus ritmos con los que caminan al paso o al trote y galope, incitan el movimiento del paciente. Están indicados para hemipléjicos, enfermos de esclerosis múltiple o parkinson.

Los animales de granja también se han llegado a utilizar para reportar beneficios psicológicos al ser humano. Han servido según se ha demostrado en diversos estudios científicos, para quitar miedos. Al conseguir calmar con caricias a un animal más asustadizo que el afectado, se gana confianza para controlar el temor propio.

Muchos niños autistas han empezado a hablar palabras que habían oído pronunciar a loros. Este tipo de terapias, podrían extenderse también a personas que tienen enfermedades que impiden un correcto uso de la vida social e incluso para tímidos patológicos a los que les cuesta mucho interactuar con personas a pie de calle.

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