La psoriasis

La psoriasis es una enfermedad descamativa inflamatoria crónica, con un trastorno en la proliferación y diferenciación de la epidermis. Existen diversas variantes clínicas, siendo la más conocida la que ocasiona placas bien delimitadas en la piel, de color rojo violáceo, y con escamas plateadas. La mayor incidencia ocurre en menores de 20 años. Su causa es desconocida, y parece ser una interacción de factores ambientales, inmunológicos y hereditarios.

La psoriasis puede presentarse en cualquier zona de nuestro cuerpo, aunque presenta predilección por cuero cabelludo, detrás de la oreja, zonas de roce como codos, rodillas, zonas de extensión de articulaciones, y uñas.

Algunas localizaciones hacen dificil el tratamiento, como es el caso de pliegues, axilas, mucosas o genitales. En estos casos particulares se requiere un extremado cuidado y seleccionar bien el tratamiento usando productos específicos.

Los pliegues o los genitales son especiales por presentar una mayor absorción de fármacos. A la psoriasis que acontece en estas localizaciones se la llama psoriasis de pliegues o invertida, y requiere el uso de corticoides que no sean de alta potencia, derivados de la vitamina D y emolientes o sustancias hidratantes.

En la psoriasis invertida hay que cuidar que no haya sobreinfección bacteriana o por hongos, que agravarían el cuadro, y que son más fáciles de encontrar aquí por ser territorios húmedos y expuestos a la fricción. Cuando usamos corticoides (uno de los tratamientos tópicos fundamentales de la psoriasis) no debemos excedernos en su uso en estas localizaciones, no prolongando su empleo en el tiempo y evitando los de alta potencia, porque presentan una serie de efectos secundarios que se acentúan en estas zonas del cuerpo (teleangiectasias, atrofias cutáneas).

Se ha observado mayor frecuencia de psoriasis en pacientes con sobrepeso, diabéticos e hipertensos, sobretodo de psoriasis moderadas-severas. En las zonas de pliegues por piel redundante en obesos, la sobreinfección es un factor que puede agravar o enmascarar la psoriasis.

Tener una piel hidratada es fundamental, y puede revertir el cuadro sobretodo ante mínimas lesiones (hiperqueratosis, sequedad, descamaciones). Es importante el uso de un emoliente que debe contener principios activos como urea a diferentes concentraciones, y alfa hidroxiácidos (que atraen agua y mantienen la capa lipídica de la piel perfectamente hidratada y homogénea).

Tenemos que evitar factores que puedan desencadenar brotes de psoriasis: Hay medicamentos como antihipertensivos o diuréticos que pueden desencadenar un brote, del mismo modo que el estrés.

En genitales, la piel es más fina y absorbe mayor cantidad de fármacos. Debemos ser también más cautelosos en el uso de fármacos al igual que en pliegues, y limitar el empleo de corticoides.

Las relaciones sexuales se pueden realizar con total normalidad, sin que haya riesgo alguno pues no se trata de una enfermedad contagiosa. No debe existir rechazo alguno hacia personas con este tipo de lesiones cutáneas.

La vitamina D está indicada en estas zonas, aunque en algunas personas puede ser irritante y es necesario manejarla con cautela y empleando coadyuvantes como cremas hidratantes, aunque no ocasionarán teleangiectasias, atrofias cutáneas ni poiquilodermia, como podía ocurrir con los corticoides.

La cara es otra localización frecuente de lesiones psoriásicas, y en los adultos es un indicador de mal pronóstico y de resistencia al tratamiento. La complicación más importante de la psoriasis es la artropatía psoriásica.

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