Fobia al polvo

La amatofobia no es una de las fobias más comunes. Según la clasificación de Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos (NIMH), es una fobia específica. Se trata de un miedo irracional al polvo, que al igual que sucede con otras fobias, lleva a quien la padece a evitar el estímulo causante y a manifestar elevados niveles de ansiedad ante la posibilidad de tener que enfrentarlo. En casos extremos puede afectar la vida cotidiana y resultar incapacitante, ya que la presencia del polvo es una constante en cualquier lugar y espacio, incluso en la propia casa del fóbico.

Las fobias suelen desarrollarse con mayor frecuencia en la niñez. Se estima que, aproximadamente, 20 millones de adultos padecen alguna fobia específica y un 20% de ellos logra superarla.

Causas de la amatofobia

  • Eventos traumáticos: es probable que el individuo haya sufrido alguna experiencia traumática que la asocia con el polvo y de allí provenga la fobia.
  • Factores genéticos, predisposición biológica o psicológica que pueden hacer que una persona sea más vulnerable a padecer una fobia determinada.
  • Otras fobias: la fobia al polvo puede estar asociada a su vez con otra como la bacilofobia, que es el miedo a los gérmenes.

Síntomas

  • Evitar el contacto con el polvo, lo que incluye en algunos casos realizar tareas de limpieza en las que puedan verse expuestos al estímulo desencadenante de la fobia.
  • Ansiedad, angustia y temor extremo ante la presencia del polvo, que incluye problemas para respirar, opresión en el pecho, temblores, aceleración del pulso y sudoración.

Tratamiento

  • Terapia psicológica
    El tratamiento más eficaz para la amatofobia suele ser la terapia cognitivo conductual, en la cual el profesional trabaja con el paciente en la superación de la fobia a través de diversas técnicas. La más común y exitosa suele ser la de exposición, que consiste en exponerlo gradualmente al estímulo causante de la fobia, mientras se le enseñan estrategias de relajación para hacerle frente.
  • Fármacos
    En algunos casos los ansiolíticos son muy efectivos para manejar los episodios de ansiedad extrema, aunque esto sólo sirve para el manejo de los síntomas pero no para la superación de la fobia.
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