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Conocida popularmente como culebrilla, es causada por el mismo virus que causa la varicela

Herpes zoster

El herpes zoster o la culebrilla como se la conoce popularmente a la enfermedad caracterizada por una erupción dolorosa, causada por el virus varicela zoster, el mismo causante de la varicela. El virus permanece en el organismo aún luego de que la varicela se cura (latente en determinados nervios) y aunque puede no causar problemas por años, cuando la persona envejece puede reaparecer, reactivarse como culebrilla.

Esta enfermedad a diferencia de la varicela, no se contagia de una persona a otra.

Factores de riesgo:

  • Ser mayor de 50 años
  • Tener sistema inmunitario debilitado a causa de alguna enfermedad o medicación
  • Haber tenido varicela antes del año de vida

Síntomas

El primer síntoma suele ser el dolor en un solo lado, acompañado de ardor y hormigueo. El dolor y el ardor pueden ser agudos y en general se manifiestan antes de que la erupción se haga presente.

En la mayoría de los casos, aparecen parches en la piel que son seguidos de pequeñas ampollas:

  • La erupción suele involucrar un área estrecha de la columna alrededor de la parte delantera del pecho o la zona ventral
  • Las ampollas se rompen formando pequeñas úlceras que empiezan a secarse y formar costras que se cae en algunas semanas. La cicatrización es poco habitual
  • La erupción puede abarcar la cara, la boca, los ojos y los oídos

Otros síntomas pueden abarcar:

  • Fiebre y escalofríos
  • Úlceras genitales
  • Dolor en las articulaciones
  • Dolor abdominal
  • Malestar generalizado
  • Dolor de cabeza
  • Debilidad muscular, dolor y salpullido que compromete varias partes de la cara si el virus está comprometiendo un nervio facial:
    • Caída del párpado
    • Pérdida del movimiento en el ojo
    • Problemas de visión
    • Dificultad para mover algunos de los músculos de la cara
    • Hipoacusia
    • Problemas en el sentido del gusto

Tratamiento

Puede ser prescripto un antiviral (aciclovir, famciclovir y valaciclovir) para combatir el virus, el que ayuda a reducir el dolor, el curso de la enfermedad y prevenir las complicaciones.

Los antivirales deben comenzar a tomarse a las 24 horas de comenzado el dolor o ardor. Es mejor que se empiecen antes de la aparición de las ampollas. Generalmente se indican en altas dosis en forma de pastillas. En algunos casos, puede ser necesaria la administración por vía intravenosa.

Los antiinflamatorios fuertes como corticosteroides (prednisona), por ejemplo pueden ser usados para disminuir la inflamación y el dolor.

Otros fármacos que pueden usarse en el tratamiento incluyen:

  • Analgésicos
  • Antihistamínicos para reducir la picazón (vía oral o en forma de cremas aplicadas sobre la piel)
  • Zostrix, una crema que puede disminuir el riesgo de neuralgia posherpética

Pueden aplicarse compresas húmedas para disminuir el dolor. Para aliviar la picazón pueden tomarse baños de avena, fécula o aplicar una loción de calamina.

Pronóstico

El herpes zóster suele desaparecer en un par de semanas y su reaparición es poco frecuente. Si el virus afecta los nervios que controlan los nervios motores, puede presentarse debilidad o parálisis temporal o permanente.

En algunos casos, el dolor en la zona afectada puede prolongarse desde meses hasta años, lo que se conoce como neuralgia posherpética. Esto es más común en personas mayores de 60 años y se da cuando los nervios han sufrido daños tras un brote de herpes zóster. El dolor puede ir de leve a agudo.

Complicaciones

  • Infecciones cutáneas bacterianas
  • Sordera
  • Síndrome de Ramsay Hunt si el virus afecta los nervios de la cara
  • Reaparición del herpes zóster
  • Ceguera si el virus afecta la zona de los ojos
  • Infección como encefalitis o sepsis en personas que tienen el sistema inmunitario debilitado
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