diabetes

En el proceso digestivo, los hidratos de carbono se transforman en glucosa que, a su vez, es la mayor fuente de energía del organismo. A través de su viaje por nuestro organismo, la glucosa se distribuye a través la sangre para llegar hasta las células. La insulina es una hormona que segrega el páncreas con el objetivo de ejercer una acción reguladora de la glucosa en sangre.

Para que el funcionamiento de la respiración celular sea óptimo (combustión u oxidación de la glucosa dentro de la célula -proceso que consume O2 y libera CO2 y agua-) es preciso que la concentración de la misma en el plasma sanguíneo esté comprendida dentro de márgenes aceptables. Por eso, el polipéptido conocido como insulina actúa como regulador ante las concentraciones altas de glucosa en sangre en tanto que otra sustancia, el glucagón actúa cuando la concentración es demasiado baja.

En una persona diabética falla la regulación de concentraciones elevadas de glucosa en sangre debido a dos posibles razones fundamentales:

  1. El páncreas no segrega insulina o segrega muy poca cantidad, lo que se conoce como Diabetes Tipo 1
  2. Las células no responden a la insulina impidiendo el acceso de la glucosa, conocido como Diabetes Tipo 2

Las características de los distintos tipos de diabetes

El diabético tipo 1, también llamado insulinodependiente es, mayoritariamente, una persona joven o un niño. Para poder sobrevivir debe administrarse inyecciones de insulina. Este tipo de diabetes afecta al 10% de los pacientes totales.

Por su parte, el diabético Tipo 2 es una persona adulta, generalmente en edades superiores a los 40 años, el tratamiento para estas personas se basa en la administración de medicamentos correctores de la situación que permitan a las células la llegada de la glucosa.

El control

La imposibilidad de emplear la insulina provoca al organismo la carencia parcial o total de la energía y, adicionalmente, permite que la glucosa sin transformar, viaje por los riñones, el sistema nervioso y el sistema circulatorio.

Se trata de una enfermedad sin cura, por lo tanto el control de los niveles de glucosa en la sangre es el único tratamiento posible para evitar la progresiva degeneración de los distintos órganos y sus patologías asociadas.

El control de los niveles de azúcar en sangre se lleva a cabo a través de la alimentación, la actividad física, la correcta administración de insulina y/o medicamentos recetados y las revisiones periódicas llevadas a cabo por los profesionales de la salud.

El control psicológico

Salvo que se nazca diabético, situación que no es habitual, el diagnóstico de la diabetes provoca un shock inicial para el paciente y para sus familiares directos. La información adecuada sobre la enfermedad, la importancia del control y la formación profunda que facilite el cambio de hábitos y costumbres, es fundamental para lograr un adecuado nivel de vida.

El control físico

Para llevar a cabo el correcto control de la diabetes, le recomendamos siga las indicaciones del médico tratante de forma rigurosa y estricta. No se deje engañar por una enfermedad que cuando más esta dañando, menos síntomas presenta.

Es habitual que los diabéticos Tipo 1 deban inyectarse dos o tres veces al día inyecciones de insulina, mantener un régimen alimenticio y una continuidad en sus horarios de alimentación, sueño y actividad física.

Los diabéticos Tipo 2 deberán seguir las mismas recomendaciones salvo, las inyecciones de insulina que son sustituidas por un fármaco que debe ser administrado con un alto nivel de rigurosidad.

Un de las pruebas específicas a las que se somete un diabético una o dos veces al año, es la denominada Hemoglobina Glycosilatada, esta prueba recoge los niveles de glucosa en sangre y orina por un periodo de tres meses.

Educación, clave en el control

A pesar de todos los nuevos tratamientos en estudio y los avances en los tratamientos, una de las premisas fundamentales de la calidad de vida de los diabéticos es la educación. Las personas diabéticas pueden controlar su nivel de glucosa en sangre con las inyecciones o fármacos de insulina, la alimentación ordenada y adecuada y ejercicio constante sin embargo, no es factible vivir con la diabetes si no se acepta la enfermedad como parte de uno mismo, si no se es capaza de establecer un hábito de vida que parta de la diabetes y sus necesidades para establecer las rutinas y costumbres. La educación es fundamental.

Complicaciones de la diabetes

Una dieta desequilibrada, una mala administración de insulina un inadecuado control de los niveles de glucosa en sangre, va mermando los órganos internos por los que circula la glucosa libremente, sin que el paciente se de cuenta, día a día la glucosa en la sangre va obstruyendo las arterias, provocando deficiencias cardiacas que pueden provocar infartos, derrames oculares denominados retinopatía diabética que causan ceguera, amputaciones de las extremidades inferiores y necesidad de someterse a diálisis de por vida.

Adicionalmente, los diabéticos varones pueden presentar problemas sexuales relacionados con a erección y las mujeres diabéticas pueden tener serias complicaciones en la menstruación y la menopausia.

Conclusiones

El primer paso para un control adecuado es la educación y la formación. Dejarse asesorar por el profesional de la medicina y someterse a las revisiones periódicas así como administrar todos los días y a la misma hora el tratamiento prescrito y seguir estrictamente la dieta alimenticia recomendada, son claves para poder vivir dentro de los parámetros normales con una enfermedad destructiva y… sin cura.

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